Philos, yo te evoco.
Cada vez que la vida es vida, nombro lo pequeñas y poderosas que son todas sus partículas. Me pregunto: ¿qué es una silla?
Para Philos (Filos para los compas)
Tenía quince años. Empezaba a tomar tres miligramos de risperidona por un diagnóstico de esquizofrenia paranoide, errado, como buena parte de las cosas que creí que era, que padecía o que sería. Era la primera semana de preparatoria en una de las sedes regionales de la universidad pública más grande de Puebla. Llegué al psiquiatra después de una semana alucinando con arañas: las escuché y las vi debajo de mi cama.
Fuera de las presuntas alucinaciones, me emocionaba usar mi ropa, las playeras de Motley Crüe, Emilie Autumn, Metallica, Bathory, Alcest y otras cosas básicas que alteran a una niña famélica de atención. Conocer personas, el laboratorio de ciencia, descubrir si me gustan los hombres o mujeres porque, hasta el momento, los niños me dan asco; la clase de artes, alguien que me escuche.
Cada día, después del primero de preparatoria, llegaba llorando a casa. Así, hasta que las cosas empeoraron, me atraganté con un bonche de medicamentos aleatorios y tuve una sobredosis. Tenía quince años. La clase de filosofía con Filos, en aspectos más felices, me mantuvo latentes los placeres.
Fue todo un personaje. En la primera clase, Filos entró al salón, cargó su silla y la colocó sobre el escritorio. Nos preguntó: ¿qué es esto?
Una silla.
Una silla sobre el escritorio.
Remató: ¿qué es una silla?
Han pasado diez años desde que nos hizo esa pregunta y aún no sé qué es una silla. Aunque ya aprendí otras cosas más sencillas, por ejemplo, quise ser monja para no lidiar con el sexo, hasta que vi a Mick Jagger contoneándose en el Palacio de los Deportes y asumí que no estoy hecha para el hábito; cuando me obsesioné con los ángeles fue para que me salvaran, porque cada noche escuchaba arañas y mi madre, hipnotizada por su propio Dios, decía que yo era el diablo. Que todos aquí somos bien incongruentes, valga el confesionario.
¿Qué es una monja si se siente sexualmente atraída por Mick Jagger?
Filos nunca tuvo idea del amor sacro que profesé por su clase, que me anclaba al aliento. El tiempo y el cuerpo cambian. A pesar de ser adulta, tener nuevos dolores y preocupaciones más pesadas, no son tan absurdas e inconmensurables, tan gloriosamente terroríficas, como las de la niña que fui.
Mi cuarto tenía una plaga de grillos; por eso escuchaba lo que oía y creía ver arañas. Solo eran grillos gordos, con castañuelas ruidosas. Mi psiquiatra murió y tuve que buscar a otro. Me quitó los antipsicóticos porque la esquizofrenia era un diagnóstico demasiado flojo para una niña irremediablemente abandonada y adicta a la atención.
¿Qué es una araña si es un grillo? ¿Qué era la esquizofrenia si no lo fue realmente?
Recuerdo a Filos poniendo la silla sobre el escritorio cada vez que me hago una pregunta difícil: cuando me enfrento a un nuevo trabajo, cuando me siento estúpida y triste. Cada vez que la vida es vida, nombro lo pequeñas y poderosas que son todas sus partículas. Me pregunto: ¿qué es una silla?

